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Mi desafío está en la observación reflexiva
La fase que considero más desafiante de integrar en mis cursos es la de observación reflexiva.
Diseñar la experiencia concreta es retador, sí, pero hay muchas herramientas y estrategias disponibles. Lo difícil viene después: crear condiciones reales para que los estudiantes se detengan, miren lo que vivieron y lo piensen con profundidad. En el ritmo acelerado de las clases, la reflexión tiende a quedarse corta o a volverse un trámite.
Creo que el reto no es solo metodológico sino cultural: estamos formados para avanzar rápido, no para pausar. Y la reflexión necesita pausa. Aprender a diseñar ese espacio, sin que se sienta forzado, es lo que más me desafía.
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