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Aprender haciendo
Aprender haciendo: articulando la cultura Maker con el ciclo experiencial en la gestión del riesgo
Apreciados colegas,
Saludo cordial. Soy docente de la Especialización en Gerencia de Riesgos Laborales, Seguridad y Salud en el Trabajo, y dicto las asignaturas Higiene y Seguridad Industrial, Opción de Grado y la electiva Gestión de Emergencias y Desastres. A partir de mi experiencia, quiero compartir algunas reflexiones sobre cómo la cultura Maker y el principio “aprender haciendo” han transformado mis prácticas pedagógicas, particularmente en un campo tan aplicado como el nuestro.
En el ámbito de la seguridad industrial y la gestión de emergencias, la teoría sin acción corre el riesgo de volverse abstracta y desconectada de la realidad. Precisamente, el principio “aprender haciendo” encuentra aquí un terreno fértil. He implementado actividades maker que permiten a los estudiantes vivir el ciclo experiencial propuesto por Kolb, de la siguiente manera:
Experiencia concreta: Por ejemplo, en Gestión de Emergencias y Desastres, planteo un escenario de simulación de un incidente real (derrame químico, incendio estructural, etc.). Los estudiantes deben realizar una inspección inicial sin más elementos que su observación y conocimientos previos. Es una experiencia directa que moviliza sus percepciones.
Reflexión: A partir de la simulación, abrimos un espacio de discusión donde analizan qué hicieron, qué sintieron, qué aciertos y dificultades identificaron. Esta fase es clave para que conecten la vivencia con sus propias concepciones sobre el riesgo.
Conceptualización: Introducimos o profundizamos en marcos normativos, metodologías de análisis de riesgo (como el análisis de árbol de fallas o el método Hazop) y protocolos de respuesta. Aquí los estudiantes relacionan la experiencia previa con los conceptos técnicos, construyendo un andamiaje teórico significativo.
Experimentación activa (aplicación maker): Aquí es donde la cultura Maker cobra mayor fuerza. Los estudiantes, en grupos, deben diseñar y construir un prototipo o herramienta que responda a una necesidad identificada durante la simulación o en su contexto laboral. Por ejemplo:
Un tablero de simulación para entrenamiento en evacuación.
Un kit de respuesta básica para emergencias con materiales de bajo costo.
Una matriz de indicadores visuales (dashboard físico) para monitoreo de condiciones inseguras.
Un mapa de riesgos interactivo elaborado con herramientas digitales colaborativas (Miro, Canva, etc.).
Estos prototipos no quedan solo en el aula; los estudiantes los presentan en espacios como ferias internas o los comparten con sus equipos de trabajo en las organizaciones donde laboran. Esto fortalece el sentido de utilidad y fomenta la retroalimentación desde la práctica real.
¿Cómo potencia esto la cultura Maker?
La cultura Maker añade a este ciclo la dimensión de la creación tangible, la iteración y la valoración del error. En mis clases, promuevo:
Iteración rápida: los prototipos tienen versiones. Después de retroalimentación, los estudiantes mejoran sus diseños, integrando nuevos aprendizajes.
Uso de herramientas diversas: desde elementos reciclables hasta plataformas digitales como Canva, Miro o simuladores de realidad aumentada.
Ambiente colaborativo: los grupos se conforman de manera interdisciplinaria, enriqueciendo las soluciones con distintas miradas (ingenieros, administradores, psicólogos, etc.).
Aprendizaje del error: un prototipo que “falla” se convierte en el mejor insumo para reflexionar sobre supuestos técnicos o de contexto, y para mejorarlo.
En Opción de Grado, he orientado proyectos donde los estudiantes aplican este enfoque maker para diseñar productos de intervención reales en empresas: desde aplicaciones móviles para reporte de condiciones inseguras, hasta guías interactivas para comités paritarios. La evaluación no se centra solo en el producto final, sino en el proceso de construcción, la reflexión metacognitiva y la capacidad de iteración.
Invitación a la reflexión colectiva
¿Cómo han integrado colegas de otras áreas este principio maker en sus cursos? ¿Qué desafíos han encontrado al articular el ciclo experiencial con actividades prácticas? Me interesaría conocer experiencias, especialmente aquellas donde los estudiantes han podido transferir sus prototipos a contextos reales de trabajo, así como estrategias para evaluar tanto el proceso como los resultados desde un enfoque maker.
El “aprender haciendo” en la cultura Maker no es solo una técnica, sino un cambio de mirada: valorar la creación, la colaboración y la reflexión continua como motores del aprendizaje profundo. En nuestro campo de la seguridad y salud en el trabajo, esto se traduce en profesionales más críticos, creativos y preparados para enfrentar entornos dinámicos y complejos.
Quedo atento a sus aportes para seguir enriqueciendo nuestras prácticas docentes.
Cordialmente,
Alberto
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