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Kolb
Desde mi práctica en ingeniería industrial y cursos aplicados como costos o investigación, considero que la fase más desafiante de integrar es la observación reflexiva. Aunque solemos diseñar buenas experiencias prácticas y orientar adecuadamente la conceptualización, el momento de detenerse a reflexionar de manera profunda suele quedar limitado o superficial.
He notado que los estudiantes tienden a pasar rápidamente de “hacer” a “entregar”, sin analizar realmente sus decisiones, errores o aprendizajes. Esto se debe, en parte, a la presión por cumplir resultados y a una cultura formativa centrada en la respuesta correcta más que en el proceso. Sin embargo, es precisamente en la reflexión donde se consolida el aprendizaje significativo, ya que permite reinterpretar la experiencia y darle sentido.
El reto como docente ha sido diseñar estrategias que obliguen a esa pausa reflexiva, como diarios guiados, preguntas detonantes o análisis de decisiones tomadas. Me interesa conocer cómo otros docentes logran profundizar esta fase sin que se perciba como una actividad adicional, sino como parte esencial del aprendizaje.
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