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La práctica en responsabilidad social un escenario perfecto para ser aula viva.
Yo cambie la pregunta de cual fase es desafío para mi clase, para mi es un imperativo las fases para que haya un verdadero aprendizaje: Porque en la práctica en responsabilidad social no basta con “hacer una actividad”; lo que se busca es formar desde la experiencia con sentido, continuidad e impacto, y ahí las cuatro fases del ciclo de David Kolb dejan de ser una dificultad y se convierten en un imperativo pedagógico.
La experiencia permite al estudiante salir del aula y enfrentarse a realidades concretas; sin este primer momento, no hay conexión auténtica con el territorio. La reflexión evita que la acción sea superficial, ya que invita a cuestionar lo vivido, reconocer aprendizajes y comprender a las personas con las que se trabaja. La conceptualización da profundidad, porque permite relacionar la experiencia con teorías y marcos de sentido, evitando que todo quede en intuiciones. Finalmente, la aplicación cierra el ciclo al traducir lo aprendido en acciones más pertinentes y transformadoras.
Lejos de ser un reto, estas fases organizan el proceso y le dan coherencia. En contextos sociales, donde las problemáticas son complejas, actuar sin reflexionar o sin comprender puede generar intervenciones débiles o poco sostenibles. Por eso, seguir este ciclo garantiza que la práctica no sea improvisada, sino intencionada, crítica y con posibilidad de generar impacto real.
En este sentido, las fases no limitan, sino que orientan y fortalecen el trabajo del estudiante, asegurando que su paso por la práctica social sea realmente formativo y no solo una actividad puntual.
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