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Opinioòn
La cultura Maker lleva este principio a su expresión más concreta: el conocimiento no se recibe, se construye con las manos. Cuando un estudiante diseña, prototipa, falla y rediseña, está viviendo exactamente el ciclo experiencial que propone Kolb — experiencia concreta → reflexión → conceptualización → experimentación activa. El taller o makerspace se convierte así en el aula ideal para el aprendizaje experiencial, porque el error no es un fracaso sino parte del proceso, y el producto final es evidencia tangible del aprendizaje. En síntesis, la cultura Maker no es solo una metodología; es una filosofía pedagógica que valida que hacer es aprender.
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