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Reflexión sobre el Ciclo de Kolb y su aplicación en el aula
En la práctica docente, una de las mayores dificultades no está tanto en proponer actividades o en llevar a los estudiantes a “hacer”, sino en detenerse a pensar sobre lo vivido. La reflexión requiere tiempo, escucha y disposición para aceptar que no siempre hay respuestas correctas o inmediatas. Muchas veces, la presión por avanzar en contenidos o cumplir con el programa hace que esta fase se diluya o se resuelva con preguntas rápidas y poco profundas. Sin embargo, es justamente en ese momento reflexivo donde el aprendizaje cobra sentido, porque el estudiante logra comprender qué pasó, por qué pasó y qué aprendió de la experiencia. Integrar esta fase implica asumir que enseñar no es solo avanzar, sino también pausar, permitir el error y dar valor a la palabra del estudiante como parte central del proceso de aprendizaje.
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